viernes, 8 de mayo de 2009

Paper Fangirl Cap. 4

Tinta Control: Shel vs Fuyu

I

A pocos segundos antes de concluido el tiempo logró por fin tocar a su enemigo, el cual salía disparado en una trayectoria semicircular. Los colores se disiparon y la velocidad del héroe volvió a la normalidad. El gato negro había caído: Pánfilo era el vencedor.

Justo en el momento en el que el singular guerrero saboreaba su victoria, un pequeño murmullo y un olor sospechoso captaron su atención. Paró las orejas. Al fondo, bajo la luz de la luna, sus ojos caninos distinguieron un enemigo de negro y rojo.

El Pánfilo no alcanzaba a comprender la connotación que tenía el patrón de nubes; sólo empezó a ladrar histéricamente hasta que uno de los subordinados de Maravillante se acercó, aunque sólo para encontrar unas cuantas hojas de papel volando en el vacío.

-

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Eran las tres de la mañana cuando sonó el celular. Shel seguía pegada a la cama de Gai aunque Tsunade le aseguraba una y otra vez que todo estaba bien. Una voz enojada atravesó la línea perforándole las entrañas. La Líder militar de Konoha puso atención a la conversación, escuchando sólo la mitad de ésta.

— ¿Bueno? —silencio— Buenas tardes, Licenciado. —silencio largo— Es que tuve un “accidente” camino al trabajo, no tenía saldo para llamar... — silencio muy largo— Sí, lo sé, no volverá a pasar. El Lunes sin falta…—una interrupción; silencio—No…— silencio—Pero fue una causa de fuerza mayor…

El interlocutor cortó la línea. Una sensación de frustración y desamparo dispararon en el pecho de Shel. Miró al shinobi sobre la cama en busca de un consuelo que le fuera habitual en otro tiempo, en otro mundo.

Él no despertaba. Hubiese deseado en ese momento hundirse en su pecho, aferrarse a lo más parecido que tenía a un hombro dónde llorar. Hubiese deseado escuchar alguna de sus frases rimbombantes e incluso ver el “pulgares arriba” de siempre. Cualquier cosa. Deslizó suavemente un dedo por el fibroso antebrazo. Bajo la yema sintió piel correosa y firme.

Qué absurdo, Maito Gai es un dibujo”

Ante este razonamiento la sensación en su dedo dejó de ser carne para convertirse en la de un papel plano y ligeramente poroso.


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domingo, 19 de abril de 2009

Paper Fangirl Cap. 3

Agave de Tinta

Era un místico cenote maya.

Un frío espeluznante erizaba la piel

Era un sueño de armas simbólicas;

la pluma, el lápiz, la máquina

Dragones, caballeros, armas y guerreros de otras mentes…

Poderosa y audaz, arrogante ante el espectro

pagaba con la sangre de su cuerpo congelado en la hipotermia,

sepultado bajo la tierra.

Aves torpes detonando los vacíos,

el perro fiel cortado en dos.

Una risa siniestra, hielo, navaja, trueno, dolor, vergüenza…

Gai agonizaba con la mirada perdida…

Su poderoso cuerpo desmembrado sin piedad…

¡ G A I …!

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-

-

I

Shel despertó con sobresalto de un sueño donde era derrotada por Kaiser, en la camilla de emergencias del Palacio del Nexo. Involuntariamente intentó incorporarse pero varias manos la aferraron impidiéndoselo.

—¡No te muevas!

¿Me voy a morir?”

Los movimientos eran pesados y erráticos, los sonidos hacían un eco antinatural. En su estado, debido a la perdida de sangre, su mente le jugaba bromas. La escena se mezclaba con imágenes de una realidad tridimensional.

…………………

Necesitas descansar. No te muevas. —Escuchó decir a una voz conocida

¿Me voy a morir?” se preguntaba.

Frente a ella, sus padres observaban la escena en estado catatónico. Volteó a todos lados, sintiendo la cabeza como muñeca de trapo: una enfermera gorda, un médico moreno. Aquel hombre tan alto y delgado que alguna vez la había amado la miró con una sonrisa incomprensible.

Necesitas recuperarte. No te muevas. No hagas esfuerzo— decía

¿Qué sucedió? —habló la enfermera.

Vaya pregunta. ¿Esperaba que le diera sus razones a ella, ahí mismo, así nadamás?

Qué le importa” le contestó sencillamente, tratando de sonar sarcástica; pero la respuesta nunca fue escuchada. En su lugar la boca profirió un balbuceo ininteligible para los demás. No podía dominar los músculos faciales. La enfermera volvió a formular la pregunta:

¿Qué sucedió?

En su mirada había fastidio. Para quien trabaja por preservar la vida, encontrarse con alguien que la infravalora debía ser tan chocante como lo es para un conserje ver a los transeúntes ensuciando el suelo. Supuso.

…………………

Un ladrido furioso. El otro mundo se desvanecía. La realidad la golpeaba con una sensación de náusea y flacidez. Nuevamente todo era en dos dimensiones; sangre dibujada: su sangre.

—¡No te muevas! —Repetía la voz con insistencia

Ya no estaban ahí ni sus padres, ni la enfermera mal encarada, ni el médico, ni el hombre de aquel entonces. El perro siguió ladrando. Las manos de una doctora rubia la aferraban a la camilla, mientras un muchacho de cabello azulado intentaba curar sus heridas con lo que parecía ser agua.

—¿Porqué no funciona? —Decía este personaje, llamado Fuyu, desesperado por fracasar en el intento de cerrar los orificios

—Es el sello—dijo Gai en tono alarmante— Traigan a la Hokage de Konoha.

—¿Quién diablos es la “Jocague”?

—¡Rayos! ¿Alguien que sepa?

—¡Llamen al Maestro!— gritó Asuka, la médico a cargo.

Tras el brillo de un orbe apareció Maravillante.

—¿Qué sucede aquí?

—¡No podemos curarla!— contestó Asuka

—El sello…— Gai señaló un dibujo en el vientre descubierto de Shel— traigan a Tsunade sama rápido

—Voy por ella— dijo Maravillante comprendiendo y desapareció al instante

El desquiciante ladrido volvió a escucharse.

—¡Saquen al maldito perro!— alguien vociferó

—¡¿Me voy a morir?! —masculló por fin Shel.

—¡No te vas a morir! —Gritó Gai mientras ponía en su boca otra píldora del soldado.

....

Para leer el capítulo completo, acceder a este link.

Torneo la Pluma y la espada

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martes, 10 de marzo de 2009

Paper Fangirl Cap. 2


El aquimista.

Kaiser vs Shel

En el capítulo anterior:

[ - Shel Valdés, 22 años, diseñadora gráfica común y corriente en el mundo real se había quedado un viernes en la noche navegando por internet, hasta encontrar en el profile del usuario Maravillante la singular convocatoria de un torneo por el Orbe del Deseo.

Luego de recibir por arte de magia una tarjeta dimensional y dos orbes striker fue transportada junto con Pánfilo, su perro chihuahua color miel, al fandom de Naruto donde consiguió un singular striker y descubrió sus habilidades en el mundo el anime/manga, así como la manera en que su cuerpo de carne y hueso se adaptaba a una existencia de papel, tinta y fotogramas. Ésta es la historia]

Opening: El Sol no Regresa - La quinta estación.

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Shel se vió envuelta una vez más en las luces de la teletransportación; en sus brazos, Pánfilo miraba a su alrededor con ojos asustados. Aterrizó en un lugar enorme, con un estilo arquitectónico que parecía un muégano de varias corrientes distintas. Allá pilares y capiteles de la Grecia clásica, acá jardines japoneses de arena, más para allá estructuras futuristas y uno que otro monumento.

La característica principal del lugar, aparte de su imponencia, era su carácter ecléctico y laberíntico.

Aquí urge diseñar un sistema de señalamientos. Cuando encuentre al dueño le ofreceré mis servicios. Ahora… ¿Hacia dónde tengo qué ir?” pensó.

Examinó su propia imagen en la superficie reflejante de una pared: Su pelo castaño quebrado se había estilizado al cambiar de mundo, formando líneas onduladas. Los lunares de su piel blanca se habían borrado casi todos, aunque debajo de los ojos se notaban unas ojeras, formadas por dos ligeras líneas curvas. La ropa era la misma que había llevado ese día a la oficina: jeans, una blusa verde olivo escotada, saco negro y tacones. Los lentes se habían reducido a unas cuantas líneas. El maletín de la laptop era una plasta negra. Todo esto dibujado con una línea que recordaba al trazo de sus propios dibujos. Se había materializado con su estilo personal de ilustradora. Sonrió a su reflejo: su cuerpo estaba sin duda más estilizado, pero aún tenía algo de pancita. Ahora que lo pensaba, Pánfilo también se veía medio raro con esa apariencia, pero seguía siendo adorable.

En un momento vio que varios seres iban apareciendo o llegando por las distintas compuertas del patio principal. Como era de esperarse, cada uno de ellos tenía características muy dispares y estilos de trazo distintos en sus rostros. Unos eran más cabezones, otros más coloridos, algunos con los ojos más grandes, o agudos, más flacos, más reales, más caricaturizados… Unos a lo Clamp o a lo Eichiro Oda, y otros con estilos que no identificaba. Las gamas de color no concordaban unas con otras, como si la iluminación del lugar le afectase de manera diferente a cada uno. Todos debían provenir de series distintas, supuso.

Notó que varios de ellos eran conocidos entre sí. Un cuarteto de muchachos ruidosos hacía escándalo por un lado. Otro grupo lo conformaban dos chicas y dos chicos, todos con un algo que los hacía parecerse físicamente. Cerca de ahí, en otra esquina, un mono (o mona, era difícil determinarlo) cabezón de pelo verde y manos desproporcionalmente grandes le lanzaba miradas matonas a una niña de pelo largo castaño, también cabezona y también de pies y manos enormes.

Momento, yo la conozco… ¡es de Shaman King..!... y se me hace que es hombre…” De hecho era Hao Asakura.

Apenas recordando el diseño del personaje en cuestión, dirigió su mirada a los demás asistentes. Allá había un hombre mordiendo una ramita, cuidando a una niña y a un muchacho albino con pinta de malandro. Del otro lado esperaba un rubio solitario, trazado con el inconfundible y maniaco estilo de One Piece, una espada atrás. Un rubio más (sí, otro), de piel morena como de la edad de Shel, llamaba mucho la atención porque vestía de rojo, y asumía una actitud amigable y sonriente.

Al menos, y esto lo agradeció, no había nadie dibujado con el estilo de Akira Toriyama. Un peleador de la talla de Gokú, destruidor de universos enteros, podría ser un poquito difícil de derrotar.

Sin embargo, en el rincón más apartado, había una figura por demás inquietante. Era el único de todos los presentes que no era humano (o al menos que no lo parecía). Sus ropas desgastadas de apagadas tonalidades parecían las de un mago típico, pero su vestimenta era lo único remotamente normal. Debajo de los ropajes se adivinaba un aura incorpórea que parecía ser su cuerpo, y en lugar de ojos, dos haces de luz hacían imposible saber hacia dónde miraba el ente en cuestión. Por debajo de las mangas algo reflejaba la luz. El conjunto de su ¿persona? daba miedo. Para colmo venía con una niña semidesnuda encadenada por el cuello, como si fuese una mascota.

El Pánfilo miraba con especial atención al mago, parando las orejas y deteniendo la mirada con insistencia. Un sutil gruñido salía de su hocico.

Ojalá no me toque con él”

De repente, un muchacho de unos 18 años con capa blanca apareció bajando por una escalinata en la sala principal.

—¡BIENVENIDOS TODOS! Mi nombre es Maravillante, el organizador de este torneo…

A continuación hubo un discurso de bienvenida, la presentación de una muchacha condenadamente parecida a Luffy el de One Piece como juez, y demás indicaciones generales. Cuando Maravillante pronunció las últimas palabras del discurso, Shel supo que necesitaba hacer varias cosas antes de que diese comienzo la primera batalla, e hizo lo primero que le vino a la mente…

Maravillante desapareció, y en un segundo Shel echó a correr por un pasillo como alma que lleva el diablo, y el perro detrás de ella ladrando. Varios de los presentes la miraron como bicho raro por este espectáculo inexplicable, pero poco le importó. De repente se vio sola en un pasillo, jadeando. Al parecer había logrado su objetivo.

La razón por la cual había hecho ésto fue por miedo a otra noche en vela. Había pasado de un cuerpo tridimensional (en su casa, en México) a uno bidimensional de golpe; había tenido qué acostumbrarse a moverse en frames (fotogramas), escenas o viñetas de manga y eso aún le costaba una sensación de agarrotamiento.

Pero lo peor de todo era el tiempo. Habiendo estado en la aldea ninja del anime Naruto, habían pasado cuatro días para su striker, y para todos los personajes de Masashi Kishimoto1, pero para Shel sólo habían transcurrido dos o tres horas desde que estuvo en la comodidad de su habitación. Cada cambio de escena lo percibía así, de golpe, como un pasar de página al leer manga en tiempo real, o como cuando uno se encuentra frente al televisor viendo la historia.

No obstante, su cuerpo ahora era anime y se sentía tan cansado como si, efectivamente, hubiese pasado cuatro días sin dormir. Su primera noche en Konoha, solamente, había sido una desvelada gratuita de 48 fotogramas y dos segundos.

Ella sabía que si dejaba que el discurso terminase sin hacer algo, la escena se iba a cortar y no iba a conseguir dormir, y vaya qué le hacía falta. Estaba exhausta.

De pie en el pasillo, se dejó caer recargada en una pared. Los párpados comenzaban a cerrarse cuando el Pánfilo ladró en dirección al pasillo; entonces vio venir a un hombre joven de aspecto rudo, con el cabello castaño recogido en una coleta.

—¿Joe..? —Dijo Shel, confundiéndolo con otra persona

—Darts. —contestó el personaje secamente. Era un subordinado de Maravillante.

—Disculpa, es que te pareces mucho a un amigo mío.

Ojalá estuviera aquí Joe” suspiró.

La verdad es que después de lo que había pasado para llegar hasta ahí, tampoco le quedaba mucho capital moral.

—¿Qué fue eso? —preguntó el hombre

—Ah… esto… eh…

—Saliste corriendo como desquiciada

—Es que el tiempo iba a dar un salto, no sé si me explico…

—Eres rara. No te entiendo nada de nada.

—No importa. ¿Rompí alguna regla?

—No puedes andar por ahí sola. Vas a perderte.

—Necesito hacer varias cosas antes de mañana. ¿Es posible que me acompañe mi striker dentro del palacio?

—No está prohibido—y prendió un cigarro

Era muy curioso ver que el humo del cigarro se representaba por unas líneas onduladas. La ventaja era que en lugar del aroma característico de la nicotina, Shel percibía el de la tinta, y no parecían resentirlo sus pulmones.

¿Habrá algún personaje de anime con cáncer?”

—Voy a ir por mi striker. Regreso en un ratito, no tardo. ¿Puedes cuidar a Pánfilo mientras?

—¿El perro? Espe…

Antes de que terminara de hablar, Shel usó la tarjeta y regresó a Konoha. En el Palacio, Darts se quedó de pie, viendo al perro.

—No me jodas. Yo, la nana de un chihuahua… Escucha, perro, sólo te cuidaré porque mi amo lo manda, ¡HEY! ¿QUÉ HACES?

Pánfilo, para quien también habían pasado cuatro días sin atender sus necesidades fisiológicas, se dedicaba en ese momento a dejar un regalito en el suelo.

—¡Noooooooooooooo!

Y el grito del pirata retumbó por el recinto.

-

-

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Shel apareció en la oficina de Tsunade.

—¡Hokage sama!

—¡Sheru san! —dijo, japonizando su nombre— ¡No acabas de irte al Palacio del Nexo?

—Sí vengo de ahí…. Es que, necesito a mi Striker.

—Menos mal que yo no lo he requierido, he procurado no mandarlo de misión por si llegabas a necesitarlo pronto. Ve a buscarlo al campo de entrenamiento 3, ahí debe estar. —escribió una nota y la firmó— dale ésto, es mi consentimiento.

—¡Muchas Gracias!

Como Shel no tenía ni idea de dónde estaban las cosas, volvió a usar la tarjeta para trasladarse al lugar indicado.

—¡Gai san!

—¡Linda florecita…! —la saludó efusivamente—etto ¿cómo era que te llamabas?

—Shel, me llamo Shel. —dijo ésta, sudando gota.

—¿A qué debo el honor de la visita?¿Tan pronto terminó el torneo?

—No, Gai. Vengo por ti, por necesito que me acompañes al Palacio del Sexo. Mira, aquí firmó la hokage para darte permiso.

—¿En serio? Bueno, en tal caso… ni hablar. ¡LA LLAMA DE LA JUVENTUD TENDRÁ QUÉ ARDER EN KONOHA SIN MÍ!

—Sí, sí qué bien. Fuga.

Shel y Gai aparecieron en el mismo pasillo del palacio. Darts los recibió con una jeta de aquellas.

—¡OYE, TU PERRO SE CAGÓ!

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Hubo un cambio de escena. Shel rogó al primer dios que se le ocurrió que no fuese la mañana del día siguiente. No otra noche sin dormir.

—Gai, ¿qué día y que hora es? ¿Ya va ser el combate?

—Es jueves y son las ocho menos dos, y creo que va a ser la cena de bienvenida, eso escuché ¿Porqué preguntas eso?

—Es difícil de explicar. Quizá un día te cuente. Ahora—bostezo— antes de que en la historia suceda el siguiente corte, necesito que nos pongamos de acuerdo para mañana. Hay qué tener una estrategia; tu ya sabes cuáles son mis debilidades.

—Ok, pero ¿No se supone que sólo puedo intervenir dos veces?

—Exacto, por eso hay qué ser muy creativos

—¿tienes ya un plan?

—No aún, no

Se concentró en un plan y mientras esto sucedía, hubo un salto de tiempo, como si hubieran dibujado la siguiente viñeta, saltándose lo obvio en la historia. Ahora estaba sentada en la mesa con todos los comensales y hasta el Pánfilo tenía su platito en el suelo.

—¡Dios! ¿cuánto tiempo pasó esta vez? Por favor dime qué hora es, Gai.

—Son las nueve.

Una hora para los demás, tres segundos para mí”

Checó el reloj del celular. Marcaba el tiempo real de su mundo: Viernes, 10:12 de la noche. En Torreón habían pasado casi tres horas desde su viaje ¿alcanzaría a regresar a tiempo para entrar a trabajar?

—¿ya pensaste un plan? —preguntó el shinobi

Y sorpresivamente, notó que su existencia dibujada se había mantenido ocupada en ese período de tiempo relativo.

—¡Sí, se me ocurrió algo!

Una disolvencia empezaba a anunciar otro cambio de escena. Shel se levantó de la mesa abruptamente.

—¡NO! —Gritó

La disolvencia se detuvo. Todos la miraron otra vez como bicho raro. Shel empezó a comer, rápidamente y con voracidad. Le habían servido hamburguesas, pero le sabían a puro papel.

Si no como ya, si no hago cosas, será como si no hiciera nada y el tiempo pasará de mí”

—Vaya, qué apetito— Murmuró una voz gruesa a un lado de ella.

Pánfilo ladró, alarmado, llamando un poco la atención de los demás. Quien hablaba era el personaje fantasmal.

—Hola, jejeje— Shel se rascó la cabeza

—Buenas Noches— contestó el personaje con educación.

Shel notó que no comía

—¿Usted no tiene hambre?

—En realidad no, provecho.

—Gracias.

Shel continuó comiendo torpemente. Asir los objetos le costaba trabajo porque no tenían volumen, eran planos. De vez en vez miraba al fantasma y a la niña pelirroja que traía encadenada, a la cual le habían servido comida en un plato para mascotas… en el suelo, al lado de Pánfilo.

—Odio mi vida—Decía ésta

—¿Esa niña es algo de usted, caballero?

El fantasma miraba a la aludida de reojo. En la posición en la que estaba, a gatas, tenía vista panorámica de su trasero. Por su parte, Gai miraba con recelo “Pobre criatura… y la trae en paños menores ¡Jesús Bendito! (o su equivalente nipón)”

—¿Etna? Es sólo una Demon Lord. Pero no juzguen por las apariencias. —Dijo adivinando el gesto de Gai—Esta demonio tiene más de mil años y está siendo castigada por un crimen que cometió contra mi gente.

—Ya veo. —contestó Shel, diplomáticamente. Sólo entonces se dio cuenta de que Etna tenía alas y cola de diablito.

—Disculpe, no nos hemos presentado—Dijo Gai, con sonrisa colgate— Maito Gai— y le tendió la mano.

—Kaiser Tlaves—Dijo, dejándolo con la mano tendida—Disculpe que no corresponda su gesto, amigo, pero no quiero dejarlo sin manos. —aunque también se advertía un poco de reserva hacia Gai de su parte.

Gai hizo un gesto de interrogación algo afeminado. Kaiser se acercó al oído de Shel y le habló en susurros, haciendo que se le pararan los pelos de la nuca.

—Oye ¿Tu amigo es gay?

—No que yo sepa…

Shel se mordió el labio inferior. En el fondo le preocupaba que Kishimoto le colgase el arcoíris a su querido Gai, como había hecho con Sasuke.

—Bien, señorita. —Volvió a Decir Kaiser en tono Lúgubre— Usted no ha dicho su nombre, y ya que yo he dado el mío…

—Shel Valdés. Mucho gusto

—Un placer.

Shel buscó la mirada de Gai. Kaiser la ponía nerviosa y no de forma agradable. Algunos segundos en silencio dejaron sentir la tensión del momento. Cogió su celular y consultó la hora: 10:17 pm. En ese momento, y para sorpresa de todos, sonó con un timbre de Los simpson.

¡Holaaaa, como estás, pídala cantando!

¿Janina?

Si, weeey, ¿quién más?

¿Qué pasó?

¿Vas a venir con nosotros hoy y así?

No creo, wey, estoy algo ocupada.

“Y de qué forma…”

¡¡PUÑETAS!! ¿Has de estar con Joe, verdad?

No—contestó con tristeza

¿No te ha hablado?

Nel.

¡Uuuquela! Pero si parecían muy felices

Ya sé, ¿porqué desparece?

Wey, no te claves con él.

Yo sé que no debo, pero…

Silencio.

Bueno y mañana sí vas a salir y así? —dijo Janina

Sí, wey, nos vemos en Messenger mañana.

Bueno… ¡NOMÁS QUIERO que no vengas, hijers de la verguers, y vas a ver…!

Sale, pues, te veo mañana.

Colgó.

Joder ¿cómo carajos es posible que entre la llamada hasta acá…?”

Y al parecer los demás se preguntaban exactamente lo mismo. Miró a su alrededor. Nuevamente las miradas se concentraban en ella. En especial la de Kaiser.

—Disculpa que te lo diga, pero eres algo rara.

—Tú no eres muy normalito que digamos.

Shel tomó la mano de Gai discretamente por debajo de la mesa, lo cual lo hizo sonrojar un poco.

—Gai san, ya no aguanto, me tengo qué ir a dormir; pero aún debemos hablar sobre lo de mañana.

—¡Ah, Claro, claro! —Teatralizó una mirada misteriosa, entrecerrando los ojos—el plan…

Cambió la escena.

—¡Maldita sea, otra vez, no! —Injurió Shel, ya toda nefasta.

—¿Qué? — preguntó Gai

—¿Qué hora es? ¿Ya va empezar el combate?

—Hija, necesitas descansar, algo no anda bien con tu azotea. Son las diez de la noche. Hasta mañana es el combate. Tranquila.

Se dio cuenta de que estaba en una habitación del Palacio, al parecer la suya. La laptop segura en un escritorio. Ya traía puesta una pijama de gatitos muy similar a la que usaba en la vida real; Pánfilo estaba acostado en su cama como siempre, y Gai se había sentado con ella.

—¡Ah, sí,! —bostezó— antes de que nada suceda, debemos repasar mi plan y así.

—Pero si ya lo estudiamos hace un rato ¿Qué no recuerdas?

—¿En serio? —los párpados no podían continuar abiertos. Era una fatiga física y psicológica.

Gai respiró hondo.

—Sí, recuerda, primero…—Y repitió a la perfección el plan que a ella se le había ocurrido. No llevar la cuenta del tiempo y su incapacidad para regular sus acciones era angustiante.

—Esta situación me está sobrepasando— dijo Shel con la voz quebrándose

Rompió en llanto. Gai le dio un cachetadón y la miró seriamente.

—No llores, sé fuerte.

Luego la abrazó, como hubiera hecho con Tenten, su discípula.

—Debes pensar positivo, ya verás que todo sale bien, mientras creas en ti misma.

Shel se hundió en el abrazo de Gai, encontrando una sensación extrañamente conocida de confort. En él se desbarataba la desesperación, el miedo y el cansancio. Empezó a sentir que el sueño la vencía.

—Gai Sensei…

Aspiró la escencia del hombre dibujado. Esta vez no olía a tinta de imprenta, químicos de fotografía ni a papel bond. Era el aroma familiar de la almohada que abrazaba todas las noches al dormir.

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Hubo un corte, pero Shel no aparecía en escena. En cambio, la figura espectral de Kaiser Tlaves vagaba por el palacio, con una copa de vino en mano.

Tú no eres my normalito que digamos” Rumiaba para sí mismo

En ese momento apareció una mujer con kimono de mariposas

—Hola, Kai.

—¿Yukko?

—¿Qué te ha parecido mi regalo? —dijo ella, refiriéndose a la invitación al torneo, pues ella se la había dado.

—Hasta ahora todo pinta un poco aburrido. Pero Maravillante San nos ha consentido mucho. Lástima que te hayas perdido la cena. A Propósito ¿qué haces aquí?

—Sólo vine a saludarte. ¿Ya sabes contra quién vas?

—No. Para serte sincero todos se me figuran algo chicos. Ninguno pasa de los treinta y la mayoría ni siquiera de los veinte. —dio un sorbo a la copa

—Yo te recomendaría que no juzgaras las apariencias.

—Lo sé. En estas dimensiones nunca se sabe.

—¿Ya sabes qué deseo vas a pedir?

—Tengo varios en mente.

—Déjame adivinar… Tu propia dimensión, evitar que te persigan…

—…Deshacerme de ti también figura en la lista ¿sabes?

—Sí, yo también te amo— rió con Yukko con sarcasmo.

De repente ninguno de los dos dijo nada.

—Kai… ¿hace cuánto ya que no puedes enamorarte?

—Esa fue de las primeras cosas que fui olvidando. —contestó, evasivo

—Oh, vaya, el viejo alquimista Kai se pone nostálgico…

—No es eso. Ya puedes irte.

—Está bien. Suerte con tu encuentro de mañana. Pero antes…. ¿podrías?

Le extendió una botella con agua.

—Sólo si te largas de una vez

—Bien.

Kaiser convirtió en agua de la botella en algún licor.

La bruja Yukko, personaje de Clamp, de los pocos capaces de cambiar de dimensión, evaporó su presencia y dejó a un Kaiser meditabundo.

Si al menos pudiera dormir…”

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A la mañana siguiente despertó Shel en su cuarto. Y si había despertado —racionalizó— quería decir que había logrado dormir por fin. No se sentía del todo repuesta, pero ya estaba bastante mejor.

En el almuerzo la diseñadora apareció vestida con su ropa y armada con las plumas y el lápiz dentro del bolsillo. Gai, por su parte estaba, como siempre, muy animoso; saludaba a todos como si los conociera de toda la vida. Pronto iniciaría por fin el torneo. Checó su reloj: 10:43 pm. Pero ahí donde estaba brillaba el sol de la mañana.

Un corte y una disolvencia. Ésta vez se dejó llevar por el tiempo. Pronto todos los participantes hacían círculo alrededor de un orbe tamaño familiar, en la sala principal.

—Este gigantesco orbe, participantes, es el Orbe de Batalla— explicaba Maravillante—dentro de Él se llevara acabo la primera ronda…

Siguió explicando ciertas formalidades. Ahora cada uno entraba en la esfera y era puesto al random en un sitio.

—¡Suerte, florecita! Nos vemos en batalla si llegas a necesitarme, que espero no sea el caso ¡QUE BRILLE TU LLAMA DE LA JUVENTUD!

Alzó el pulgar hacia Shel, mientras cargaba en brazos a Pánfilo. Ella le devolvió el gesto.

Gai sensei, eres lo mejor”

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Apareció en un paisaje un poco oscuro, rodeada de estalagmitas y estalactitas. Al centro había una plataforma de piedra caliza y en medio un árbol muerto. El resto estaba rodeado de Agua filtrada: un típico Cenote.

Y yo que siempre había querido conocer uno… coincidencias”

El único acceso al exterior era una escalera. La humedad se dibujaba en el ambiente mediante colores fríos, pero la temperatura era únicamente visual. No podía saber qué tan amplio era su campo de batalla.

No parecía haber nadie. Era el momento de empezar el plan. En el suelo, a tamaño natural, empezó a dibujarse a sí misma, con alas y una pistola. La figura pronto se levantó y habló.

—¡¿Qué?!

—¡Oh, eres perfecta! Sólo busca y distrae al primer cabrón que salga para que no me vea.

—Ok— dijo su copia

—Ah, y si te pregunta porque eres de ese color, dile que estás en modo batalla.

—Simón.

Ay wey… eso fue sumamente bizarro…”

Shel dejó a su dibujo frente al árbol y, tratando de hacer el menor ruido posible, hizo una prueba. Levantó frente a ella el lápiz. Si lo ponía en cierta posición, sólo se veía el borrador, es decir, un circulito rosa.

La línea es el punto en movimiento” Recordó uno de los principios básicos de Diseño.

Si ella dibujaba un punto en el espacio de dos dimensiones, podría ser la vista de perfil de una raya. Dibujó un punto, uno solo.

Caminó rodeando el punto que había trazado en el aire y se dio cuenta de que, efectivamente, el punto era la representación de perfil de una línea recta que se extendía al infinito. Esa línea cortaba, dividía, o podía asirla, sostenerse de ella.

Ahora trazó una horizontal casi en el suelo. Cuando uno ve una hoja de papel de perfil, lo que se ve es una línea blanca solamente. Shel miró desde arriba la horizontal y vio que se había creado un plano, una superficie a la cuál se podía subir.

Ya casi estaba lista. Ahora buscó un rincón que tuviera muchos trazos que confundieran la vista y lo encontró entre las estalactitas. En una roca formada por sedimentos rayó la pared hasta crear una hendidura dónde meterse que se camuflara con el paisaje; se metió lo más que pudo a esperar.

Por su parte, su contrincante había encontrado el lugar bajando por el acceso de la escalinata, pero sin usarla. Venía flotando tranquilamente desde el nivel superior, atravesando una que otra protuberancia del terreno como si fuera holográfica. Era Kaiser Tlaves.

Era sumamente inusual, pensaba éste, ver aparecer de repente un extraño cable cortando el paisaje. Seguramente el enemigo había provocado este disturbio, y con ello había dado a conocer su ubicación.

Levitó siguiendo la trayectoria de la línea, que no era otra cosa que el punto que Shel había trazado en principio, y lo que encontró fue una versión en blanco y negro de la extraña participante del chihuahueño.

—Sheila… Chantal… ¿Cómo te llamabas? ¡Ah, disculpa! Shel.

El clon saludó, rascándose tras la cabeza.

—Esas alas, y ese color… —cuestionaba Kaiser

Aquí hay gato encerrado”

—Estoy en modo de Batalla y así.

Kaiser, como todo un caballero, esperó a que ella atacase primero. El dibujo le disparó con la pistola y salieron disparadas bolitas negras que al impactar dejaron en el traje de Kaiser unas manchitas.

— ¿Qué se supone que es eso?

—Eh… ¿balas?

En su escondite, Shel se golpeaba la cabeza.

¡Sabía que esa pistola rascuache iba a salir defectuosa con lo fea que me quedó!”

Kaiser invocó una mini tormenta alrededor del dibujo de Shel. Como tres segundos después, la chica de blanco y negro se había convertido en un hielo de apariencia pixeleada.

Eso de seguro lo sacó del Ragnarok Online”

Ella recordó el poder que lanzaban los maguitos del citado juego en línea. Ahora, si la memoria no le fallaba, en ese juego cualquier poder de un mago se anulaba si antes de acabar de castear (hacer el conjuro) algo lo interrumpía, de preferencia un golpe físico.

Empezó a dibujar.

Mientras eso sucedía, el mago bañaba en rayos eléctricos a su clon de tinta. El dibujo terminó tan tatemado que, cual caricatura gringa, su cuerpo se deshizo en forma de polvito negro que cayó al suelo y sólo quedaron los ojos.

—No puede ser tan fácil... —Dijo Kaiser, sospechando.

A la distancia apareció otra Shel en blanco y negro, esta vez armada con arco, flecha y un ave en la cabeza.

—¿Otra?

Kaiser, que no era ningún pendejo, se dio cuenta en ese momento de que estaba enfrentándose a clones o invocaciones de algún tipo.

Éste tipo de evasiones sólo pueden significar una cosa: es un enemigo que prefiere atacar a distancia. Siendo así, quiere decir que no tiene mucha resistencia. Es típico de un caster.” pensó él.

Comenzó a aparecer una neblina en un radio de 6 metros alrededor de Kaiser, y la Shel arquera intentó lanzar flechas rápidamente para interrumpir el conjuro. Éstas solamente lo atravesaban pasando de largo como si su presencia fuera inmaterial. Eso sí, dejaban mancha en él por donde pasaban.

Osea que es como un fantasma. El daño físico no le afecta. Piensa, piensa… ¿Flechas de elemento?”

Dibujó varias cajas de flechas y en cada una escribió “fuego”, “agua” “hielo”, “trueno”, y todas las categorías que se le ocurrieron.

La neblina siguió avanzando. Unas dagas empezaron a formarse de la nada, se movieron en todas direcciones, buscando un objetivo escondido. La arquera se rasgó en este proceso y quedó inservible.

Kaiser aguzó los sentidos. Las navajas recorrían rincón por rincón buscando al original de Shel. Una de ellas entró por la hendidura de la estalactita y se clavó en su hombro izquierdo. Reprimió un grito de dolor que hubiera delatado su escondite.

Dibujó al otro lado del paisaje un arquero armado con flechas elementales. El espacio en dos dimensiones hacía nula la profundidad, por lo tanto para situar a su personaje lejos de ahí sólo requería dibujarlo en la perspectiva correcta.

El arquero comenzó a lanzar flechas que se quedaron clavadas en el cuerpo de Kaiser, haciéndole cierto daño. Un trueno impactó en el arquero, pulverizándolo.

¿Dónde está?”

Los seres monocromáticos aparecían en cualquier dirección. Atacarlos uno por uno era una pérdida de tiempo si no le hacía daño a quien los estaba invocando. Cada vez que Kaiser destruía un arquero, aparecía otro; sin embargo, comenzó a inquietarlo el hecho de recibir ataques elementales. Probablemente su oponente ya había descubierto el truco, tendría qué andarse con cuidado.

Podría buscar por mí mismo, pero, haré algo más fácil, jejeje”

Kaiser tomó la orbe striker y de inmediato apareció Etna, la Lolita pelirroja.

—¿Ya empezaron los golpes? —Dijo ésta, tronándose los nudillos

—¿Recuerdas a la dueña del chihuahua?

—¡Cómo olvidarla! Me llamó niña, la muy perra…

—Todos lo hacen de todas formas. En fin, búscala. No ha dado la cara, pero estoy seguro de que es ella.

Las flechas del último arquero seguían cayendo. Etna convocó a una multitud de criaturas con apariencia de Pingüino. Cada uno llevaba una bolsita con explosivos. Éstos empezaron a dispersarse por todo el escenario.

Shel, desde su escondite, miró cómo aparecían los prinnies. Desenfundó la pluma y trazó en el horizonte…

Kaiser y Etna notaron que al árbol del centro le había brotado una cara y hojas. Inmediatamente, el árbol empezó a soplar ráfagas de viento por la boca (como el de Kirby). Como consecuencia de esto, la mitad de los prinnies salieron volando y estallaron en el aire

—¿Cómo demonios hizo eso? —dijo Etna

—Descuida, aún hay suficientes.

Algunos prinnies se habían colado por los rincones entre las estalactitas.

—Sólo hay qué esperar…—Dijo Kaiser, filosóficamente.

—¿Ya me puedo ir? —preguntó Etna con aburrimiento.

—Cuando salga de donde está podrás irte.

Mientras tanto, en su rincón, Shel notó que varios prinnies entraban por la hendidura donde se ocultaba. Empezó a rayarlos desesperadamente y estallaron. Inmediatamente después, Kaiser apareció justo detrás de ella, susurrándole en la nuca.

—Aquí estás.

Kaiser la aprisionó con ambas manos. Cinco cuchillas plateadas fungían como dedos, eran tan filosas que rasgaban la ropa de Shel al mínimo contacto. El aliento gélido del enemigo le recorrió la espina dorsal.

Demonios. Un super héroe clásico puede sobrevivir a ésto, pero yo no.”

—¿Ni siquiera opondrás resistencia?

—No cantes victoria tan fácil

—No trates de hacerte la lista. Tú y yo sabemos que te puedo matar si quiero en este momento. ¿Acaso crees que no sé porqué te escondes?

—No sabes nada de mí.

—Sé que eres frágil.

Y era evidente. Con sólo una de las dagas que Kaiser había invocado anteriormente, que a cualquier guerrero harían apenas cosquillas, ya le había hecho daño severo. El hombro de Shel sangraba. Intentó ganar algo de tiempo.

—Curioso que nos tocara juntos el primer combate. Como siempre lo he dicho, el Lagunero tiene el don de la casualidad.

—No existen coincidencias, sólo lo inevitable

—¿Qué harás si ganas el torneo?

—Eso no es de tu incumbencia

—Es que me parece extraño que alguien con tus poderes necesite la Orbe esa.

—No soy todopoderoso. Tengo mis limitaciones.

—Supongo que eso incluye la falta de un cuerpo. —Añadió, sarcástica.

—Detalles.

—¿Cuál es tu deseo?

—Simplemente la tranquilidad.

—¿Para eso necesitas la orbe? ¿No bastan unas clases de yoga? —Ironizó

Kaiser rió

—En mi caso, es la única manera.

Kaiser pensó un poco, perdiéndose en sí mismo.

Un espacio donde no pueda ser molestado por nadie, ni siquiera por Yukko, donde mis enemigos no me encuentren, donde pueda disfrutar lo poco que me queda de humanidad ¿Realmente es mucho pedir?”

—Kaiser, ¿Estás muerto?

—Sí y no.

Las garras empezaron a clavarse lenta y delicadamente en su cuerpo atravesándolo poco a poco. Sólo unas pulgadas eran suficientes, él no desharía el cuerpo de una dama si no era necesario. La sangre en las venas de ella se estaba congelando. Pronto sintió frío, y luego, nada.

—Uno aprende que el cuerpo estorba—Dijo Kaiser, melancólicamente. —Sin embargo, no negaré que hay cuerpos muy bellos, sobre todo de mujer. —Añadió, lascivo.

Antes de perder el conocimiento, Shel asió torpemente la pluma y terminó el último trazo.

Las garras se rompieron.

—¿¡Cómo puede ser?!

Sus garras eran una aleación de metal prácticamente irrompible y ahora estaban hechas añicos.

—Suerte que no tengas sensación en esas manos tuyas. Nunca te diste cuenta de lo que hice.

Shel había dibujado cuidadosamente grietas en cada una de las navajas, lo cual había provocado que se quebraran. Lógicamente, prefirió guardarse ésta información.

Rápida y discretamente convocó el poder del orbe striker, aún con los miembros amoratados. Gai apareció de la nada y tomó en brazos a Shel.

—Corre.

—¡Dynamic Entry! —Gritó mientras se lanzaba a sí mismo y a su acompañante lejos, en la trayectoria de una patada voladora.

Gai, cargándola, logró avanzar varios metros hasta perderse al atravesar una pared, pasando por encima del agua del cenote, mientras ella iba trazando aquí y allá, sobre el cuerpo de su striker y en el aire, un sinnúmero de líneas. Cada una de ellas cortaba transversalmente lo que tocaba. Cayeron varias formaciones rocosas, seccionadas por los trazos, salpicando el agua del cenote. A Kaiser los trazos sólo lo atravesaban y le dejaban manchas, aunque el espectro procuraba mantenerse fuera del rango de las salpicaduras de agua.

Gai desapareció. La espectral figura conjuró una tormenta que centellaba de ira.

—¿Y ahora cómo te vas a esconder?

Un enorme rayo fue dirigido hacia Shel, pero se desvió… Un pararrayos dibujado justo en la cabeza de Kaiser atraía todos los ataques eléctricos.

—¡Mierdaaaaaaaa!

Kaiser había quedado algo maltrecho al recibir tremendo ataque lanzado por él mismo. Intentó deshacerse del pararrayos sin éxito, la tinta de la pluma lo mantenía unido a su propio diseño. Shel logró perderse entre las líneas.

Ni hablar, al fin que con un solo ataque certero bastará para que quede fuera de combate. Hasta que no encuentre la manera de deshacerme de ésto —se dijo refiriéndose al pararrayos—más me vale no usar la electricidad. Ahora sólo falta que la encuentre

Kaiser bajó su aura al mínimo. Conjuró tres golems de hielo de cuatro metros, los cuales empezaron a destruir a diestra y siniestra todo lo que encontraban. Mientras tanto y muy discretamente, Kaiser empezó a buscar, teletransportándose de un lado a otro, atravesando paredes.

Los golems cayeron poco a poco, divididos por rayas.

De repente, una de tantas manchas en el paisaje llamó su atención. Examinó con cuidado la tinta y su composición.

—Vaya, vaya… qué interesante.

Shel estaba escondida bajo el agua del cenote, con un traje de buzo, obviamente dibujado. De repente, observó que el agua empezaba a teñirse de negro…

Kaiser estaba transmutando el agua en tinta. La mancha absorbía todo lo que tocaba

—Tengo qué salir de aquí pronto.

Tuvo qué dibujar un dique para que la tinta desviara su curso. En lo que quedó del paisaje, comenzó a trazar un camino hueco que la llevó por diversos túneles, hasta que encontró las raíces del árbol. Procedió enseguida a perforar el interior del tronco, del cual sólo quedaba una parte, hasta que estuvo a salvo dentro.

Kaiser no se veía por ningún lado.

Dentro del tronco, sonó el eco del timbre de los Simpson.

¡Ahí!”

Inmediatamente después el tronco del árbol fue convertido en un bloque sólido de hielo. Kaiser se acercó al bloque con recelo y observó con cuidado la figura atrapada dentro. El trazo era accidentado y hecho a la carrera.

No es Ella…”

Un kunai se clavó en el árbol congelado y un golpe en la cabeza hizo que Kaiser cayera hacia la mancha negra que antes habían sido las aguas del cenote, y ahora representaba un gran abismo sin fondo.

—¡Dynamic Entry!

Mientras la bestia Verde de Konoha, vestido con el dibujo de un traje de elemento arrastraba a Kaiser al vacío, la Shel verdadera salió de un hueco del interior del cenote, sosteniéndose de una línea.

Gai desapareció. Káiser regresó al poco tiempo volando desde la profundidad del hueco negro.

Es ahora o nunca”

Rayoneó con ferocidad a Kaiser hasta convertirlo en una mancha negra que al confundirse con el fondo, prácticamente desaparecía. Cuando el ultimo espacio blanco fue cubierto de negro el grito de Kaiser dejo de escucharse, dejando paso a un silencio absoluto.

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Una luz teletransportó a Shel al palacio. En la sala principal yacía un Gai herido por unas cuchillas de hielo, un káiser completamente negro y todavía con el pararrayos en la cabeza, y Etna riéndose de ambos estrepitosamente.

—¿Qué… pasó? —pregunto la dibujante antes de caer desmayada en su propio charco de sangre.

—Ganaste, idiota— dijo Etna con sorna.

Maravillante anunciaba el resultado de la pelea, mientras Pánfilo, guiado por la mancha de sangre, corría ladrando en dirección a la enfermería.

Continuará…

martes, 27 de enero de 2009

Paper Fangirl Cap. 1

Capítulo 1:
El torneo

Para una fangirl cualquiera un viernes en la noche puede disfrutarse de lo lindo tan sólo acompañada por una láptop y una buena conexión a Internet. Eso pensaba Shel, una noche de viernes en la que, agotada por una ajetreada semana, resolvió ignorar olímpicamente los insistentes intentos de Janina por hacerla salir a beber cerveza hasta el hartazgo. Después de todo su hiperactiva amiga había logrado sacarla varias veces a mitad de esa semana, logrando que se desvelara y llegara a la oficina las mañanas siguientes virtualmente muerta. Janina por lo regular era experta en agotar el tanque de gasolina, el saldo de su celular y su paciencia.

A Shel Valdés, diseñadora gráfica casi egresada, empleada de una oficina, poco le importaba que a sus 22 años la tacharan de ñoña: hoy se sumergiría en el mundo del fanfiction de Naruto y con suerte encontraría alguna historia erótica de Maito Gai.

Conectó el equipo portátil a la corriente, se posicionó cómodamente en la cama y pronto, como cada vez que se acostaba, el perro chihuahua de la casa la siguió para dormirse ahí. Pronto el navegador empezó a mostrar las bondades del cibermundo. Unas cuantas líneas sensuales adivinaban los caprichos de un artista anónimo y los personajes del mundo de Naruto se convertían en los gigolós preferidos de Shel.

¿Para qué sufrir con un hombre idiota cuando se puede dibujar un adonis?”

El dedo es un buen compañero para la mujer solitaria, después de todo.

Unos cuantos videos graciosos de youtube, fowards borrados y clicks después apareció en pantalla un enlace singular: una convocatoria, aparentemente lanzada por algún usuario ocioso, prometía cumplir el deseo más preciado del ganador. Tal declaración sonaba pretensiosa, pero era buen gancho para la curiosidad. El escrito decía:

Felicidades, al momento de leer este anuncio, has recibido Una tarjeta dimensional y 2 Orbes strikers”

—Ja ja ja ja ja ja… —Rió Shel con ironía— qué imaginación. Me huele a gamer.

En ese momento el Perro, que hasta entonces había permanecido muy tranquilo, profirió un extraño gruñido. Shel se incorporó en la cama y miró hacia el lugar donde el chihuahueño color canela dirigía una intensa mirada. Encima de los cobertores había una tarjeta de un material indeterminado y dos esferas de dos pulgadas de diámetro cada una.

—¡¿Qué chingados…?!— pensó en voz alta

El perro se replegó hacia ella, mientras Shel recogía los objetos con recelo y algo de excitación. Las esferas eran frías al tacto, pero su diseño era ergonómico y amigable. La tarjeta, por el contrario se sentía entre las manos como si tuviera vida propia.

“Ya debo haberme quedado dormida”

La pantalla aún repiqueteaba con los avisos del mensajero instantáneo:


iNêS dice:

shel ke haces en la oscuridadddd de tu habitacionnnn

iNêS dice:

viendo porno de naruto seguro



Shel hizo caso omiso y puso la computadora a hibernar, la guardó en el maletín; tomó la tarjeta entre las manos y la observó cuidadosamente.

—Esta tarjeta no es de ninguno de mis clientes ni proveedores, y no recuerdo haberla diseñado... quizá la dejó alguien mientras no estaba…

Le dio la vuelta y descubrió que atrás decía “Tarjeta dimensional de Shel Valdés”.

—¡Ah, Cabrón! ¡No mames…!

Volvió a abrir la tapa del equipo y examinó con curiosidad la convocatoria:

El antiguo, místico y poderoso Orbe del deseo ha sido descubierto, un orbe con poderes mas allá de la magia o de cualquier otra habilidad conocida, capaz de conceder cualquier deseo a su portador sin limites, sin restricciones, algunos incluso rumoran que es la misma esencia de Dios que está contenida ahí. Sin embargo, un artículo de tal poder solo puede ser utilizada por un verdadero campeón, un guerrero que va mas allá de lo imaginable; por esto miles de tarjetas dimensionales están siendo enviadas a los diversos mundos y dimensiones existentes, para reclutar en el Palacio del Nexo, a aquellos guerreros que se interesen en este reto, ya sea para obtener traer paz a los mundos, desencadenar guerras con un gran poder, encontrar el verdadero y puro amor, corregir errores del pasado, o bien solo evitar que el orbe caiga en las manos equivocadas… las batallas están por comenzar ¿Crees poder con el desafío que se avecina?”

—Ja. La usaría de Pisapapeles. Ya me imagino la cara de los que pierdan cuando me vean usandola para atrancar la puerta de mi despacho ¿no quieres ir, Pánfilo?—Le dijo al perro y rió sarcásticamente.

En ese momento la tarjeta cambió de color y, cual toda escena cliché de teletransportación, una luz envolvió el ambiente. La gravedad pareció hacerse diez veces más densa y Shel abrazó el maletín de la computadora para protegerse. Pánfilo aulló asustado y buscó el regazo de la mujer hasta que el destello se consumió dejando al perro y a su ama en medio de un paraje insólito.

“Seguramente sí me quedé dormida”

Shel se incorporó e intentó reconocer el lugar. Dedujo que nunca había estado ahí, pero le sonaba de algúna ilustración. Un bosque de hoja perenne y nubes espesas, muy diferente al paisaje desértico del lugar donde vivía, la recibió; pero, en lugar del olor de la hierba fresca, lo que su naríz percibió fue una mezcolanza de tintas de imprenta y químicos de fotografía. Pánfilo buscó ser cargado; ambos temblaron.

Dos figuras humanas y una animal atravesaron la escena, brincando de rama en rama. Su movimiento era estilizado, pero antinatural. Parecía estatuas tiesas que cambiaban de posición cada tantos fotogramas. Los colores alrededor eran tan saturados que comenzó a dolerle la cabeza. Cayó de rodillas, tocándose las sienes.

—Me siento como sin aire… este lugar es… demasiado plano…

El Pánfilo ladraba frenéticamente y Shel se desmayó en el fotograma 240.

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Unos cuadros más tarde, sin ninguna posibilidad de ubicarse temporalmente, Shel recuperó la conciencia, recostada sobre una cama de hospital, en una imagen fija que contenía colores más claros, y una perspectiva con punto de fuga al final de un corredor, que se podía observar a través de la puerta frente a ella. Sin embargo, sin lentes todo lo que podía ver eran manchas.

—Ya despertó…—dijo una voz femenina en Japonés, pero por alguna extraña razón entendió el idioma a la perfección.

—¿Qué le ocurre? —dijo un hombre

—No tiene nada, parece que sólo se desmayó sin razón aparente.

—¿Eso es posible? —dijo un tercer varón

—Debe haber sufrido una impresión muy fuerte.

Shel se talló los ojos y sintió que los movimientos de su cuerpo estaban limitados en el tiempo por una fuerza ajena y misteriosa. La mancha que sonaba a mujer le preguntó:

—¿Cuál es tu nombre?

—Shel Valdés

—¿A qué te dedicas?

—Soy diseñadora gráfica

—¿Diseñadora gráfica? —la voz mostró duda— ¿y eso cómo se hace?

—Hago diseños para publicidad, folletos, revistas, periódicos, rotulación, logotipos, también hago ilustración tradicional y digital.

—Ah, eres una especie de artista... No uses términos tan raros, no podemos entenderte.

—Bueno. —“…aunque en realidad no creo haber usado ningún término raro”

—Disculpa el interrogatorio. Una cosa más, no apareces en los registros de entrada. ¿Puedes decirnos de dónde vienes y con qué motivo visitas Konoha?

¡¿KONOHA?!”

Tenía qué ser el sueño más raro de toda su vida. Ahora todo tenía sentido; el olor a tinta, la aplastante sensación de bidimensionalidad, la torpeza de sus movimientos. Estaba dentro del mundo de su ánime favorito: Naruto.

—Vengo de Torreón y no sé porque vine, supongo que por el hecho de que esto es un sueño muy extraño, ¿se imaginan? Yo en un anime, ¡qué locura! Hasta estoy hablando en japonés, y yo ni sé hablar japonés…—rió nerviosamente—, pero me gustan los ninjas de Konoha, todos son muy guapos, en especial Gai, Shino, Neji…, bueno, me gustan casi todos, pero mi consentido es Gai.

Si Shel hubiera tenido los lentes puestos, en lugar de ver manchas hubiera visto a los tres shinobis clavarle una mirada intrigada y sospechosa, y a uno de ellos sonrojarse visiblemente. Los ninjas hablaron entre sí sin que ella se diera cuenta.

—Está diciendo incoherencias. A lo mejor está drogada, Hokage sama

—No, ya le hicimos pruebas, está limpia.

—A lo mejor no está bien de la Cabeza, un golpe o es enferma mental, lo cual es una pena porque parece una mujer en su plena juventud…

—También puede ser obra de un genjutsu

Una de las tres figuras, una mancha con la cara oscura y cabello plateado se acercó a ella y se destapó el ojo izquierdo, que hasta entonces había llevado oculto tras una bandana que lo identificaba como ninja de Konoha. Este ojo era color rojo y presentaba en el iris tres accidentes color negro en forma de coma. Kakashi (éste era su nombre) se acercó a la cara de Shel lo suficiente para que pudiera reconocerlo.

—¡Eres… Kakashi…y el… Sharingan..!

El ninja utilizó su ojo sharingan para inspeccionar a Shel. Determinó que no estaba siendo objeto de ningún genjustu (técnica ilusoria) y que ella era una persona común y corriente.

—No es peligrosa, a lo mejor sólo está un poco tocada— sentenció Kakashi con un tonito burlón.

—Tocado estaba tu papá— contestó Shel, mordaz.

Kakashi, que no esperaba el comentario, se sorprendió no muy gratamente, sobre todo porque pocas personas habían conocido o se atrevían a mencionar a su padre.

—Cuida tu lengua, hija de puta.

—Basta los dos. Varadesu ¿te llamas Varadesu, cierto? Vamos a dejarte en observación unas horas.

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Aparentemente Sólo ella era capaz de darse cuenta de que lo que los demás percibían como unas horas en realidad correspondían a corte y cambio de escena en tiempo real. Los colores de la noche cambiaron a los amarillos del amanecer de golpe. Su cuerpo, trazado a tinta, se sintió como después de una noche de parranda. Una mancha de pelo rosa apareció por la puerta.

—Ohayo, Varadesu Chan. ¿Cómo dormiste?

—Pero si apenas… —Shel racionalizó que si no le seguía la corriente a los ninjas las cosas podían ponerse difíciles— No, no dormí nada.

Y era cierto. A pesar de no haber percibido el transcurso de tiempo igual que los demás personajes, éste le afectaba igual que a ellos. Para ella el cansancio de la noche era tan real como si hubiera pasado todas esas horas sin dormir. Este sueño era demasiado sensorial para ser normal. Quizá dormida estaba experimentando fiebre y cansancio. Definitivamente era hora de dejar el alcohol… al menos entre semana.

—Soy Haruno Sakura. Vengo a hacerte un chequeo de rutina.

Unos segundos y unos movimientos entrecortados después, Sakura acababa su labor en lo que para ella fueron alrededor de quince minutos tiempo ánime. Para Shel se sintieron como sólo dos viñetas de manga.

“El tiempo aquí pasa demasiado rápido”

—Varadesu chan , parece que no tienes nada, sin embargo necesito que respondas con la verdad unas preguntas.

—Ok. Pero antes quisiera saber. ¿Dónde están mi perro y mis cosas?

—Tu perro está al cuidado de Hana Inuzuka, una veterinaria muy capaz. Me temo que tus pertenencias las confiscamos temporalmente, pero no te preocupes, si no encuentran ningún artefacto peligroso te las regresarán muy pronto.

—Eso espero. —Dijo, ceñuda. — No habrán desarmado la computadora ¿verdad? Ese equipo me costó un ovario y todavía no lo acabo de pagar.

—¿Cómo que no lo acabas de pagar? ¿Acaso lo robaste?

—No, lo saqué a crédito de una tienda

—¿Cómo? ¿Qué quiere decir crédito?

—Quiere decir que te dan lo que compras y puedes pagar una parte cada mes, pero te sale algo más caro.

—Vaya qué tienda tan interesante… ¿De dónde dices que vienes?

Shel guardó silencio, pensando en qué iba a responderle.

—Lo siento, Sheru San, si no me respondes a mí tendrás que ir donde la Hokage a que te interrogue Ibiki Morino.

—He oído hablar de él—Por supuesto, era el ninja de la tortura psicológica, examinador del examen chunnin, y salía también en shippuden. Pero ¿tendría sentido decirle a esta gente que los conocía a todos por haber leído el manga en línea y haberse chutado hasta los capítulos de relleno quemados en un CD con ilegibles subtítulos de aficionados en tipografías garigoleadas y para colmo de colores? Na.

—Entonces ¿qué sucede que no respondes? ¿Tienes algo qué esconder?

—Está bien. Vengo de un lugar llamado Torreón, en un país llamado México. Donde vivo todo es muy distinto y sinceramente no sé porqué llegué aquí. Es como si alguien hubiera hecho una especie de “jutsu” —dijo ésta palabra enfatizando las comillas con los dedos— y yo de repente hubiera aparecido en el bosque. Realmente me pregunto tantas cosas como ustedes; si crees que estoy mintiendo vamos a que me interroguen Ibiki Morino e Inoichi Yamanaka juntos.

—En verdad lo que me dices es muy difícil de creer

Y eso que había omitido detalles como “Ustedes son una caricatura y yo una niña normal (bueno, mas o menos) y en mi mundo hay compus, carros, un montón de profesiones, globalización, guerra en Irak, Obama, Calderón y el Peje.”

—Yo sé que suena incongruente, pero no tengo otra manera de explicarlo.

—Vamos con la Hokage

—¿Al menos puedes darme mis lentes? No puedo ver nada a que no esté a 30 centímetros de mi cara…

—Están ahí, en el mueble ¿no los habías visto?

—No.

Shel dio manotazos en la mancha que parecía ser el mueble, para alcanzar los lentes y no sintió nada más que papel.

“Demonios”

Tuvo qué acercar la cabeza lo suficiente para ver los trazos en que se habían convertido los lentes. Como pudo los agarró y se los puso. Al menos en dibujo sus lentes no se veían oxidados ni viejos, sólo eran unas cuantas líneas negras estilizadas. Al ponérselos, las manchas se convirtieron en el conjunto organizado de plastas sin degradado que era el anime. Empezó a sentir mareos de nuevo, pero esta vez intentó aguantar. Tendría qué acostumbrarse a ver las cosas así.

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Ante la Hokage, Shel recibió el celular.

—¿Y mi perro, y la compu?

—Antes quiero que hablemos. — Dijo Seriamente Tsunade— Déjenos solas, por favor.

Una vez que quedó vacía la habitación, Tsunade sacó la cartera de Shel y puso su contenido en el escritorio. Había una tarjeta de débito, una de crédito, la de la escuela, la licencia de manejo y la de elector, tarjetas de clientes, sus tarjetas de diseñadora, un billete de cien pesos y dos de veinte, monedas. Por último, colocó las dos orbes y La Tarjeta del Torneo.

—Todos estos objetos me llaman mucho la atención. ¿Puedes decirme qué son?

—Son mis tarjetas de presentación, de crédito, mis identificaciones, dinero.

—Sakura me ha dicho que vienes de muy lejos, y en realidad no te creíamos, hasta que empezamos a revisar tus cosas y vimos todo esto. Nada está hecho a mano, los materiales, son desconocidos, los nombres de lugares no aparecen en los mapas ni en los registros, la moneda es increíblemente rara y sobre todo ésto —sacó de un cajón la computadora blanca de Shel— me intriga sobremanera ¿Para qué sirve?

“Putamadre, ¿cómo le explicas a alguien que jamás ha sabido de computadoras para qué sirve una?” pensó Shel

—Bueno, verá… Se llama computadora; de donde yo vengo la mayoría de la gente tiene una, es como una artículo personal. En ella se crean archivos. Pueden ser Fotos, dibujos, imágenes, sonidos, texto, video. Dependiendo de a qué te dediques tiene distintas herramientas para trabajar. Si eres escritor, usas un editor de texto, si eres arquitecto, hay para dibujar los planos de los edificios, si eres ingeniero usas hojas de cálculo. Tiene para comunicarse con otras computadoras. Yo soy “artista” y puedo dibujar con ella.

—¿Y todo eso se queda guardado ahí?

El equipo de Tsunade había intentado deshacer cualquier sello de ninjutsu en la laptop, pero no encontró ninguno; sin embargo, le seguía inquietando la posibilidad de que guardase información importante o peligrosa de alguna manera, y si ese era el caso, ¿de quién? Tampoco podía atreverse a destruir el artefacto, podría resultar ser inofensivo y no tenía idea de su valor comercial.

—Sí. Aquí tengo todos mis archivos de la escuela, fotos de amigos, toda mi vida está ahí. Por favor, no sabe lo que puede pasar si me la quita. La necesito conmigo, en serio.

—Para serte sincera no debería dejar que la conservaras, parece un artefacto muy peligroso; sin embargo, hay otra cosa que me llama la atención

Tsunade tomó entre las manos la tarjeta dimensional.

—¿Sabes qué es esto?

—Una tarjeta

—Sí, obviamente… pero ¿Sabes para qué sirve?

—Leí que con ella tenías pase a un torneo

—Nunca creí que alguna vez fuera a ver una en la vida, pero tú la tienes. Esta tarjeta es una manera de transportarte a otras dimensiones. Por eso, y por las cosas que llevas es que te creo que no vienes de ningún lugar que yo conozca. Pero dime ¿cómo la conseguiste?

—Apareció de la nada y cuando la estaba revisando me trajo aquí.

—¿Porqué aquí específicamente?

—No tengo idea.

—Yo creo que sé porqué puede haber venido aquí— Dijo Jiraya, apareciendo de repente por la ventana.

¡Jiraya, está vivo! ¿En qué capítulo estaré?”

—Hermosa ¿ya tienes a tu striker?

—¿Mi qué?

—Por lo visto, no sabes ni a qué te metiste, lindura—continuó Jiraya— Estas dos orbes sirven para convocar a un guerrero para que te ayude en la batalla. Eso es lo que dicen las leyendas, si no me equivoco. Ahora están vacías, pero cuando derrotes al guerrero que tú elijas serán capaces de convocarlo dos veces en batalla.

—Ahora que recuerdo, la página que vi mencionaba eso mismo.

—¿Qué sugieres, Jiraya? ¿Qué viene por un ninja de Konoha para que sea su striker? ¿es ésto cierto, Sheru?

—La verdad es que todo sucedió tan rápido que ni yo misma lo entiendo. Recuerdo que cuando leí la parte del striker estaba pensando en un ninja de Konoha, pero nunca se me ocurrió que en realidad todo esto fuera a suceder, simplemente aparecí aquí y… el resto ustedes ya lo saben.

—¿De casualidad ese ninja era Shino, Neji o Gai?

Shel deseó con todas sus fuerzas que no hubieran prendido la laptop y hubieran encontrado el fondo de escritorio de Gai en pose sugerente.

—Gai san.

—Lo supuse por tus exclamaciones de anoche.

Shel enrojeció. ¿Habrían podido encenderla, operarla? Había fics lemon de Gai, fanart de Gai…

—¿Piensas pelear contra Gai, preciosa?

—Pues… no sé… ¿Y si pierdo?

Los sannin se miraron. Tsunade respondió.

—Nosotros sólo conocemos las historias, pero no tenemos tampoco gran idea de cómo funciona el supuesto torneo. Ni siquiera pensabamos que fuera real. De hecho aún no estamos seguros.

—Yo menos. Mejor intentaré usar la tarjeta para regresar a mi casa.

Shel tomó la tarjeta y pensó en su casa en Torreón, su habitación, su vida de soltera, los clientes latosos del despacho… Nada ocurrió.

—¿Porqué no pasa nada…?

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Hubo un corte y una disolvencia. Shel notó que se había ensimismado tanto en sus pensamientos que esta vez el transcurso de tiempo se había sentido más natural. ¿Cuánto había pasado? ¿Minutos, horas? En estos momentos se descubrió analizando la tarjeta entre las manos. Era un logotipo hecho a lápiz y escaneado a baja resolución, con una estrella y una M. Shel tijereó el diseño de la tarjeta y decidió que tal vez más tarde, si le devolvían la laptop y si no le daba flojera, iba a vectorizar el logotipo para probar cómo se veía. Por ahora necesitaba ocuparse de dos asuntos urgentes, recuperar a Pánfilo y su preciada compu.

En ese momento Gai decidió salir de su escondite, pegó un salto y aterrizó justo enfrente de Shel

—¡AAAAAAAhhh! — gritó, al ser tomada por sorpresa

—¡No grites! ¿qué no habías notado que te seguía? Y yo que pensé que estaba siendo muy obvio— dijo Gai sonriendo ampliamente.

—Nou…— respondió ella y se rascó detrás de la cabeza.

Gai, en su experiencia, dedujo que esta extraña mujer no tenía absolutamente ningún conocimiento del arte ninja.

—¿Entonces me has estado siguiendo?

—Me ordenaron que te vigile. Dadas las condiciones en las que te presentas la aldea no se puede dar el lujo de confíar en ti.

—Me imagino

—Sin embargo—declaró teatralmente alzando el dedo índice— Soy un caballero y, como tal, no debo espiar a una dama. Así que decidí que te seguiré vigilando, pero en calidad de acompañante. ¿Qué te parece? —y alzó el pulgar haciendo la pose cool que le era característica.

Shel sintió maripositas y le ganó la risa nerviosa.

—Bueno, Gai san. No me molesta en absoluto. — “¿Cómo me iba a molestar, si es mi personaje de ánime favorito? ¡Kyaaaaaaaaaa!” —Bueno, ya que estamos juntos, me puede indicar dónde recoger a mi perro?

—Claro ¡Vamos por allá! — Exclamó con intensidad y se fue corriendo.

—Etto… si me esperas no me enojo.

De repente se le ocurrió que, después de todo, ese era un anime.

¿Y si resulta que tengo poderes, como en Rayeheart?”

Shel corrió con todas sus fuerzas sólo para descubrir que su condición física era igual de patética que si no hubiera cambiado de dimensión. Con el dolor de caballo debajo de la costilla se detuvo para respirar. Gai regresó trotando alegremente.

—¿Ocurre algo, señorita?

—No corras, no puedo seguirte el paso— Y recordó lo que le habían explicado del striker.

“¿Y así se supone que le gane en combate? ¡Qué a toda madre!”

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Llegaron al consultorio de Hana Inuzuka y recogieron al Pánfilo. Al ver a Shel éste movió su colita enrollada muy emocionado. Ahora sólo faltaba la laptop y encontrar la manera de regresar a su casa. Mañana era sábado y tenía qué entregar unos llaveros y no llevaba ni la mitad.

—Señorita, ¿hay algo que le preocupe? —perguntó Gai paternalmente

—Tengo qué regresar a mi casa y la tarjeta no me sirvió, además mi compu la tiene Tsunade y no me la quiere regresar. —contestó, pensativa

— ¿Y no ha considerado la opción de participar?

—Tal vez, gane o pierda me tienen qué regresar a mi casa. Supongo que es más importante eso que mi máquina.

—¿Estaría dispuesta a dejar atrás la máquina?

—No es fácil para mí deshacerme de la Lap. He trabajado mucho para comprarla y es mi posesión más preciada, pero si no hay otra solución, lo tendré qué hacer.

—Oh, esas palabras tan llenas de inspiración—Gai empezó a llorar como magdalena— Eres una persona muy valiente, señorita… esto… ¿cómo dices que te llamas?

Shel sudó gota.

—Soy Shel Valdés, o más bien, Valdés Shel, con eso de que ustedes ponen primero el apellido.

—¿Tu nombre es Sheru, no Varadesu?

—Sí. —“¿porqué no pronuncian bien mi nombre aquí?”

Hubo un momento de Silencio.

—Gai San, por lo que sé, necesitaré que me acompañe al Palacio de Neo, Necaxa, o como se llame esa cosa. Tenga el honor de concederme un duelo.

Gai la miró de arriba abajo. Se veía frágil como una pluma.

—¿Está usted segura?

—Sí— contestó ella con decisión.

“En verdad que tiene carácter”

—Bien.

Shel adoptó una pose de pelea que había visto en algún documental de artes marciales y en seguida se le cansaron las piernas. Gai, para no hacerla sentir mal esperó su primer golpe. Shel arremetió con puños, patadas, mordidas y arañazos y Gai ni se movió. Para no humillarla fingió uno que otro ‘auch’, pero fuera de eso, nada.

No perdió Shel las esperanzas y empezó a mencionar todos los hechizos que recordaba de ánime, videojuegos y magic, alzando cada vez más la voz y llamando cada vez más la atención de los transeúntes. De nuevo Nada.

—Tal vez es cosa de que yo invente mis propias técnicas… ¡DESIGNER ROYAL KICK! ¡SHEL SIMPHONY OF DOOM! ¡KAME HAME PANFILOOOOOOOOOOO! —gritó mientras intentaba dar golpes estilizados y ademanes dragonboleros con las manos, en vano.

—Mmm. Tal vez si te enseño un poco de Taijutsu cojas el hilo más facilmente. A ver, primero párate bien, mira así— aconsejaba Gai, enseñándole la posición básica de combate. Shel intentó hacer la pose y se cayó de nalgas.

—Tal vez tenga qué abrir mi corazón, encontrar mi poder interno, hacer una de esas ñoñerías que los prota de las series hacen justo antes de descubrir sus poderes…

—A lo mejor tienes razón—opinó Gai—voy a provocar tu ira ¡MIRA, SECUESTRARÉ A TU PERRO Y ME LLEVARÉ TU MÁQUINA! —Gritó eufórico, haciendo gestos exagerados. Pánfilo sólo hizo un ruidillo simpático.

Shel prefirió ignorar a Gai. Se concentró, cerró los ojos y sintió la energía vital correr por sus venas. Seguramente era ESE: su ki, su chackra, su poder elemental único de guerrera. Hizo ademán de lanzar un super golpe legendario…

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…y falló miserablemente.

—Maldita sea, no tengo poderes de nada— y cayó de rodillas, llorando quedamente de coraje y desesperación— ¿Qué voy a hacer?

Gai ya no supo qué decir. Por lo general las mujeres respondían a un abrazo mejor que los hombres, pero temió que se ofendiera al ser desconocidos. Sólo se acercó y la acompañó en silencio.

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Después de otro abrupto salto de tiempo Shel se descubrió en el parque, más tranquila. Gai, a su lado en silencio, cuidaba la portátil dentro del maletín en su regazo.

—Gai san… ¿es esa mi compu?

—Sí. Disculpa por no haberte dicho antes, pero parte de mi misión también es cuidar de este artefacto. Lo traje porque pensé que al menos te animaría verlo. No puedo dejar que lo uses, pero como estabas tan triste y viendo lo mucho que te importa te lo traigo para que veas que está a salvo y que no lo voy a desarmar.

—Bueno, gracias.

—No hay de qué. Me alegra que pararas de llorar.

—Disculpe. No debí ser tan infantil. Ya debe estar aburrido de mí, y así.

—La verdad no. Pareces una buena personita—le sonrió—espero no equivocarme. —dijo mostrando ahora algo de seriedad. Al fin de cuentas seguía siendo un shinobi.

—Gai, puede dejarme ver el contenido del maletín? No recuerdo qué cosas se quedaron adentro cuando vine

Gai asintió y abrió los compartimentos y le fue enseñando cosa por cosa, sin dársela. Junto a la máquina estaba su cargador, hojas en blanco, recibos de nómina, tickets, basura, dos bolígrafos y un lápiz. Luego Gai sacó una hoja con el boceto de una ilustración.

—Este dibujo ¿Tú lo hiciste?

—Sí. A eso es a lo que me dedico.

—No lo haces mal. ¿Es tu perro?

—Sí

—Y ésta de acá, ¿eres tú?

—Ajá.

—¿Puedes dibujar ahora algo?

—Bueno. Veamos ¿qué quieres que dibuje, Gai?

—Mm… dibújame, a mí.

—Pásame una pluma y una hoja.

Shel dibujó a Gai en pequeño. Grande fue la sorpresa de ambos cuando el mini gai, así en blanco y negro como estaba, se levantó del papel y se puso a dar de brincos…

—No es posible ¿qué es esa cosa? —Gai se puso en guardia. Y habló amenazadoramente—Dame la pluma y no intentes hacer nada.

Shel aferró la pluma temblando, al racionalizar que tenía un arma potencial en la mano. Recordó la sensación de los muebles de papel al tocarlos, el olor a tinta de todo el escenario y de repente... comprendió.

Trazó con la pluma una línea en el horizonte y un árbol que la atravesaba se partió en dos. Gai se lanzó contra ella.

—Niña, no sabes lo que haces.

Shel por respuesta rayó un garabato que se interpuso entre ella y gai, algunas de las líneas le cortaron al shinobi tiras de ropa y piel. Segundos después el shinobi desaparecía y en su lugar caían los fragmentos de un tronco seccionados por el trazo de la pluma.

—No quiero hacerte daño —dijo Gai apareciendo súbitamente detrás de ella, poniéndole un kunai en la garganta—me habías caído bien. Ahora dame la pluma.

—Disculpa Gai, san. Tampoco me lo esperaba. Me asusté, es todo. —Shel devolvió la pluma con pesar, intentando actuar diplomáticamente.

—Así está mejor. Lo siento, señorita, voy a tener qué informar de ésto a la Hokage. No puedo dejarte hacer por ahí lo que quieras después de lo que acaba de pasar.

—Disculpe, Gai. Metí la pata. —Shel se agachó sombríamente—Pero… justo cuando había descubierto un poder me quitan mi arma... ¿Cómo se supone que me defienda ahora? ¿Cómo voy a entrar al dichoso torneo y regresar a mi casa?

Gai la miró compasivamente. Ella tenía razón.

—Gai, déjame pelar una vez más contra ti. Tal vez esta vez sí te pueda ganar. Te necesito, Gai.

—Hija, yo sé que tu situación es difícil, pero mi aldea está primero y mi deber es protegerla. No te voy a dar la pluma, lo siento.

—Por favor…

—Disculpame, pero no.

Shel se quedó callada. De repente la asaltó una idea.

—Espera, Gai. Para que seas mi striker tengo qué derrotarte ¿cierto?

—Me parece que así es. ¿Porqué?

—Maito Gai, —y lo señaló con el dedo índice— te desafío en un duelo de piedra papel o tijera.

Gai se rió, acordándose de sí mismo.

—Sí que eres ingeniosa. Acepto el reto.

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En la viñata siguiente, ambos gritaban al unísono:

¡ Piedra, papel o tijera !

Al mismo tiempo en que Gai presentaba su puño cerrado Shel cerraba los ojos y extendía al frente la palma de su mano. El Papel venció a la Piedra, en más de un sentido.

—No puede ser, es la segunda vez que pierdo en este desafío— comentó Gai, sonriendo.

Shel abrió los ojos . En ese momento, los orbes que Shel tenía en los bolsillos del pantalón comenzaron a brillar de un color que no podía reproducirse en la imprenta .

—Parece que mi victoria fue válida

—Parece que sí.

—Gai san, nunca pensé que alguna vez podría decir esto, pero—se sonrojó— Eres mío.

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En algún lugar del ciberespacio, las palabras de un ser desconocido eran reproducidas simultáneamente en infinita cantidad de universos:

“… desátense y liberen sus ideas, que esa será la clave para ganar….”

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En Konoha, Shel experimentó otro salto de tiempo. Gai la llevó ante la Hokage y le informó de los sucesos ocurridos con la pluma. Tsunade miró seriamente a la joven mujer.

—Dices que venciste a Gai

—Ajá

—en un “piedra papel o tijera”…

—Sí

—¿y los orbes respondieron …?

—Así es.

Hubo un silencio tenso. Gai se sentía incómodo, quizá por la extraña situación en la que se veía envuelto, quizá por las enigmáticas palabras que le había dedicado Shel.

—Tsunade Hime—dijo Shel arrodillándose—Ahora mismo quisiera ir al Palacio del Sexo. Por lo que más quiera, necesito que me deje ir con mis cosas. Prometo que si gano le entregaré la Orbe de los sueños a Konoha. Por favor… sólo así podré regresar a mi casa.

“La orbe del Deseo, en poder de Konoha…”

Tsunade se lo pensó tres días, que —nuevamente— para Shel fueron sólo 48 fotogramas. En ese lapso, como luego se enteraría, el consejo resolvió dejarla partir a ella y a su perro con las peligrosas armas que portaba.

Antes de Partir, el consejo le impuso un sello de obediencia en el vientre, mismo que también colocaron en un pergamino. Si traicionaba a la hoja, moriría instantáneamente. Si caía en combate, el sello del pergamino se desvanecería.

En estas condiciones partieron Pánfilo y Shel. Lo último que escuchó antes de verse envuelta en las luces del portal fue la voz de Tsunade:

—Es el Palacio del Nexo, mujer, no del Sexo, para que no vayas a cagarla enfrente de alguien…

—¡¿Palacio del qué?! No escuchéeeeeeeeeee…

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Continuará